La marcha de los monórquidos

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Never in the field of human conflict
was so much owed by so many to so few.
Sir Winston Leonard Spencer Churchill
La vida es pura fanfarronada, no hay más que pensar. El más descarado acojona a los demás y el que lloriquea, como en la sabana, es mamífero muerto. A pesar de estudiar a los clásicos con el padre O'Manus, aprendí esta lección tarde, en la clase de Escrotocrítica que impartía el comandante lord Flasheart, contrasgo de Manfred el Rojo, que en tiempos de paz sólo calmaba el tedio con el análisis de las arrugas de los escrotos de los pilotos abatidos.
Era el Día de la reina Alexandra; primera clase en la academia de pilotos.
-- ¡Soy el diablo, uuuh! --ululaba el comandante.
--¡Y ustedes, zurullos veinteminuteros! --Apuntaba con el índice a una audiencia de desconcertados aspirantes a pilotos de la RAF.
--Usted, guerrero. Si se ha dejado ese bigotito tan ridículo, seguro que sabe por qué les llaman veintemi-nu-te-ros.
--Se-se-se-ñor, no-no lo sé, señor --cacareó el cadete Al Raven tras el taconazo de rigor.
--¡Uuuh! Una ga-gallina veinteminutera en la RAF. Veinteminuteros es el tiempo que dura una gallina novata en combate, cuac-cuac --respondió el comandante.
--Vaya, otro majadero de buena familia con galones y empleo --musité a mi compañero de pupitre Will Littlememory.
--Ese del fondo que farfulla. Sí, ese guapito de cara con la cicatriz en la nariz, ¡levántese!
Señores, vamos a entrar en materia ya, y su compañero, ese listillo cetrino, va a tener el honor de exponernos cuál es el rasgo básico de los dictadores fascistas según las últimas aportaciones de la exégesis escrotística.
Me alcé y propiné en el suelo el taconazo de rigor mientras un sudor frío resbalaba por mi cicatriz.
--Señor, no lo sé, señor. --Taconazo con la bota derecha.
--¿Cómo dice, veinteminutero?
--Señor, yo lo único que he oído es que Hitler y Franco sólo tienen un huevo. Goering y Von Arnim tienen dos, pero bastante pequeños. Himmler tiene algo similar y el doctor Goebbels no tiene ninguno.
-- Me gusta, veinteminutero. Aunque se lo haya inventado, le ha echado güevos. No como los gabachos, que parecen petit-poucets du front luchando con une merde au bout d'un bâton. Suena a música celestial. Cantemos, señores, cantemos la marcha del Coronel Bogey.
Redobla la retreta del tambor de la escuadrilla 303. En mi ensoñación, la lluvia nocturna azota los cristales --no, no llueve--, y seis petit-poucets vestidos de saco con cordón y tres nudos en la cintura cruzan la bóveda celestial con mi cadáver al hombro.
Un solo gato negro sigue al cortejo fúnebre del héroe monórquido caído.



Cazadora dijo
Bueno, ya no sé qué pensar; de tu aviador, de tu estilo, de ti.
22 Junio 2009 | 08:24 PM