Cobardes y subordinados
D'un ciel plus bleu qu'à l'habitude,
Ce mai 40 a salué
Quelques allemands disciplinés
Qui écrasaient ma belgitude,
L'honneur avait perdu patience,
Et chaque bourg connut la crainte,
Et chaque ville fut éteinte
Et les femmes,
Les femmes s'accrochèrent au silence.
Jacques Brel
Pierre, mi hermanastro, se asoma sólo a contraluz. Dicen que es un piel roja, que no se inmuta ante una estampida de grandes mamíferos de la pradera. No vaciló cuando asfixió con la almohada a un antiguo miembro de la Cagoule del barrio latino, correveidile de los guardianes del Stalag IXA en Ziegenhaim. En tanto que yo soy un camaleón sentimental, un pescador que para tener éxito piensa como los peces.
Pierre se alistó en el 23e Régiment d'Infanterie Coloniale tras la invasión de Polonia y se le otorgó el grado de sargento mayor, sólo porque acababa de licenciarse en derecho. Un brevísimo período de instrucción en orden cerrado, voces de mando, paso redoblado, paso lento, ceremonias y desfiles, le habilitó para dirigir una pequeña sección de marsouins de ultramar. Siempre recordaba, "lo importante era saltar el potro y cantar bien alto: soldados de marina que saben ser hijos de Francia tanto en Tonquín como en Dahomey." Y para quienes querían acceder al Estado Mayor, "trotar en petiso, claro."
Pierre con sus galones dorados se incorporó a la compañía comandada por el coronel Justinien de la Rochegeni, barón consorte de Treignac, oriundo de la más rancia nobleza francesa, narizón y que gustaba calzar alzas en sus botas de montar.
--Yo, un oficial de Saint-Cyr de la mejor infantería del mundo, he visto cosas que vosotros no creeríais ...He visto perecer un batallón entero en Chemin des Dames; brillar la Yperita en la oscuridad cerca de la Puerta de Tanhäuser... Y ahora nos mandan señoritos instruidos que quieren dárselas de listillos.
--Señor, discrepo. Le puedo asegurar que no soy un listillo que se cree más listo que los demás. Respondió Pierre.
--Veremos. Su expediente destaca sus dotes para cantar y saltar al potro. ¡Perfeto! ¿Cuál es su compositor preferido? Bizet, sin duda.
--Wagner, sin ninguna duda.
--¡Diablo de subordinado! Puede retirarse, pero como le pille con Le Canard Enchaîné va a acordarse de la puerta de Tanhäuser para el resto de sus días. ¿Vale? Y póngase erguido, no puedo soportar un hombre que no parezca estar orgulloso de su uniforme.
Pocos días después tomaban el camino de Alsacia, el de los poilus del catorce pero en ferrocaril. "Cuarenta hombres, ocho caballos por vagón" rezaba la pizarra de avisos. Los oficiales de la mejor infantería del mundo iban en los vagones de primera.
Aquel invierno fue de zumba. Pretenciosos oficiales de caballería parapetados por la linea Maginot apostaban contra el próximo descalabro inglés en Noruega mientras que una soldadesca apática se aferraba a la belote para soportar interminables guardias sin novedad.
Con el sol de primavera, la tropa se animó a canturrear La Carmagnole: ¡Vive le son, vive le son des canon! Y en aquella época los alemanes jamás rechazaban esas invitaciones:
--¡Chusma! ¡Levantaos! Malditos cobardes, ordenó el coronel de la Rochegeni, barón consorte de Treignac.
--Nada de cobardes, señor, objetó Pierre. Están todos muertos.
Allí mi hermano recordó unos versos de Sigfried Sasoon y comprendió que nos despeñábamos por el acantilado, otra vez:
Do you remember the dark months you held the sector at Mametz-
The nights you watched and wired and dug and piled sandbags on parapets?
Do you remember the rats; and the stench
Of corpses rotting in front of the front-line trench-
And dawn coming, dirty-white, and chill with a hopeless rain?
Do you ever stop and ask, 'Is it all going to happen again?'




lacazadoraderratas dijo
Ay, Sentimental, me pierdo y debo leerte varias veces.
Qué espesa.
Sigue, sigue.
15 Mayo 2009 | 09:27 PM