Hace pocos días asistí a la representación de Die Meistersinger von Nürnberg en el Liceu de Barcelona y como siempre que escucho a Wagner reviven en mi las pugnas entre estética y ética, autor y obra. Sé que son dilemas muy manidos, repetidos cíclicamente --como cuando Barenboim dirigió la obertura de Tristán e Isolda en Israel - y sin embargo aún no he conseguido sustraerme al conflicto que me produce escuchar la música de Wagner. El libreto de los maestros cantores es divertido, los diálogos cómicos y la música excepcional pero sólo pensar que este es un locus comunis con Adolf Hitler --su obra preferida -- o que los prisioneros de Auschwitz convivían a diario con las óperas del compositor que tronaban por los altavoces me revuelve el estómago.
Algunos contertulios argumentan ante mis prejuicios morales: Wagner vivió mucho antes que los nazis o La música está al margen de la moral y del uso que de ella hicieron los nazis setenta años después [que no los descendientes del compositor que medraron con el III Reich]. Pero todos sabemos que esto no es exacto, ¿correcto? Cierto que Richard Wagner murió en Venecia seis años antes que el monstruo de Braunau asomara sus ridículos bigotitos, pero también sabemos que Wagner fue un declarado antisemita y que con la publicación de algunos de sus ensayos [notoriamente el opúsculo El judaísmo en la música, primera versión de 1850 bajo el pseudónimo K. Freigedank, o ¿Qué es alemán?] dio un paso más hacía la barbarie:
El canto es el discurso llevado al más alto grado de la pasión; la música es la lengua de la pasión. Si al judío le sucede elevar el tono de su discurso hasta el canto, su animación nos parece ridícula, y como nunca toma el acento de una pasión susceptible de emocionarnos, se nos convierte en insoportable.
Y la emprendió contra artistas judíos asimilados de la talla de Mendelssohn (1) --entonces fallecido muy recientemente-- o Heine [se mintió a sí mismo al creerse poeta, recibiendo como castigo sus mentiras rimadas, puestas con música por nuestro compositores].
Casi veinte años después, en otro opúsculo menos conocido, Aclaraciones sobre el judaísmo en la música, solucionaba el problema de la siguiente forma: La decadencia de nuestra cultura podría ser parada por una expulsión violenta de este elemento extranjero de descomposición, aunque eso es algo que no puedo esperar pues para ello se necesitarían unas fuerzas cuya existencia me es desconocida. Esta melodía tan poco sutil ya suena más familiar.¿Correcto?
Un encantador de serpientes, un gran músico al servicio de un gran histrión (Rafael Argullol), he tenido que sustraerme a todo esto y ser muy racional para no dejarme arrastrar y terminar vampirizado por su música (Calixto Bieito)... Cada vez que escucho a los Cantores pido, como Ulises y las sirenas, que mis amigos me aten a la butaca porque cuando oigo mucho rato a Wagner me entran ganas de invadir Polonia (Woody Allen). ¡Achtung!
!Qué antiguo soy! aún creo en aquello de Nulla aesthetica sine ethica, profesor Valverde sostenía.
Continuaremos con otro post sobre las relaciones Wagner-Nietzsche y el vetusto dilema ética y estética. Mientras seguiré cavilando para inventar la rueda cuadrada porque hasta el momento --como mi preceptor père Ildéfonse Corneille, Sj --no he dicho nada innovador, sólo he fusilado un poquito de aquí y otro poquito de allí. ¡Mea culpa! por indeciso, pusilánime levítico y hamletiano hannoveriano.
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Mendelssohn según Wagner como músico judio:
(1)Los críticos de profesión que están compenetrados por la misma convicción que nosotros, deben confirmar, puesto que es a ellos a quienes toca hacerlo, por medio de pruebas sacadas de la particularidades de las obras artísticas de Mendelssohn, ese fenómeno que tiene una certeza incuestionable: Se bastará aquí, para explicar nuestro sentimiento general, recordar que no podíamos sentirnos cautivados al oír música de este compositor, si solamente se presentaba a nuestra imaginación, siempre más o menos ávida de distracciones, la exposición, el arreglo, la confusión de los motivos más finos, más hermosos y más artificiales, como en un caleidoscopio con formas y colores en movimiento, pero que nunca fuimos alcanzados en momentos en que esas figuras de estilo deberían haber expresado sentimientos del corazón más íntimos y más profundamente humanos.


Piensas demasiado.
Ya sé que te pitorreas de mi porque no soy malo ni feo pero para mi "pensar demasiado"es un halago y más en un país de gente tan Kulta que precisa de un día especial para comprar libros dedicados por el autor/a --mañana-- que luego nadie lee. Aunque los políticos se apunten al festín...Leer te hará libre. Leer te hará más guapo (J. Mascó, guapa oficial) O sea como el trabajo ...
Sí, pensar es de las actividades que me hacen más feliz, pero debo confesar un secreto: me hace más feliz aún volar sobre la vertical de Beachy Head.
El post continuará. Ahora releo la obra completa de Nietzsche y Benjamin. Quizás hasta me decida a escribir una tesis doctoral muy sesuda sobre la estética y la moral wagneriana en la web 2.0. Claro que la presentaré en alguna institución académica peninsular, afamadas desde el siglo XV por su gran saber sobre el sexo de los diablos.
No me pitorreo, Sentimental.
Un día lo entenderás. Cuando pienses menos y vibres más.
Pero yo te quiero igual.
¡Oye, mira como vibroooooo!