El camarote de Murakami (& Coixet)
El pasado martes (17 de marzo) yo también asistí a la charla que Isabel Coixet mantuvo con Haruki Murakami en la biblioteca Jaume Fuster de la plaza Lesseps de Barcelona.

Era un acto anunciado con semanas de antelación por los medios de comunicación y dada la notoriedad y alta consideración que el autor de Kafka en la Playa goza en nuestro país, era de esperar una concurrencia masiva de admiradores. Días antes del acto, me acerque a la biblioteca para informarme del procedimiento para acceder a tal acto y se me informó que sería por orden de llegada de los asistentes.
El día del evento, llegamos a la biblioteca una hora y media antes del inicio de la charla y para sorpresa de todos, ya se había formado una cola notable que hizo dudar de nuestras posibilidades de conseguir plaza. Decidimos quedarnos y fuimos testigos como la cola aumentaba y caracoleaba por la plaza Lesseps. Luego nos enteramos que los primeros lectores habían llegado sobre la una del mediodía, cuando el acto estaba anunciado para las siete de la tarde. Su tesón tuvo premio. Pasadas ya las seis de la tarde, se repartieron doscientos boletos para acreditar la asistencia al evento, según parece este aforo máximo era una exigencia del autor dada su fobia a las aglomeraciones, a los fotógrafos y a las alabanzas públicas. Poco antes de las siete la cola empezó a moverse, entramos con retraso sobre el horario previsto- a pesar de las largas horas de espera --y el acto empezó fuera de tiempo. Licencia aceptada en nuestro país.

Dado que nuestros boletos eran de los últimos, sólo tuvimos la suerte de asistir a la charla desde una sala adyacente mediante un sistema cerrado de televisión. Como faltaban sillas, el público empezó a sentarse en el suelo. Como no se podía cerrar la puerta de la sala porque el cable de audio lo impedía, el ruido externo dificultaba seguir la charla. Como muchos ciudadanos que habían esperado con paciencia en la cola, finalmente se quedaron sin acceder al acto protestaron, los responsables de la biblioteca reclamaron la ayuda de la guardia urbana para desalojarlos del vestíbulo de la biblioteca. Mientras, Haruki Murakami ya había empezado su charla con Isabel Coixet, sin percatarse de todo este caos organizativo.
Suerte tuvo Haruki, se comenta que es muy sensible a las aglomeraciones, especialmente cuando anulan al individuo, tal como reflejó en su obra Underground, una colección de entrevistas con víctimas y autores de los atentados en el metro de Tokyo en 1995. Libro que Isabel Coixet nos recomendó con entusiasmo para entender la verdadera alma de los japoneses.

Nuestra amiga Lacazadoraderratas relata también en su blog esta tarde en el camarote de Lesseps, "Cuando llegó el momento de la ronda de preguntas quedó claro que en la sala de los escogidos para ver el evento en directo tampoco las cosas iban demasiado bien: no habían previsto que necesitarían un micrófono para que la voz del público llegara al autor. Murakami no oía, Isabel Coixet no oía, nosotros tampoco."

"Y sólo eran 15 en el camarote"
Así como Berlanga escogió una montería en La Escopeta Nacional para reflejar la España de la transición, quizá hoy el lugar idóneo sería la cola para Una tarde en la biblioteca, aunque no contamos ya con Groucho ni Luis Escobar ni un guión de Rafael Azcona.
¿Tan difícil era que--en un acto que ya se vaticinaba multitudinario-- no se previeran con antelación los mecanismos para que los ciudadanos se ahorraran tantas incomodidades? ¿No se podría establecer para próximas ocasiones algún simple sistema -por teléfono o Internet--para dar números con antelación y evitar tantas molestias a los lectores?
PS: Como en Mr Marshall, los comentarios son siempre muy bienvenidos.




lacazadoraderratas dijo
Copión.
Estoy con la novela ésa del Grisham ambientada en Italia, y no paran de reunirse para comer tortellini, fettuccini, lasaña, y demás; no veas el hambre que me ha entrado.
Me haré unos noodles.
23 Marzo 2009 | 07:59 PM