Dry Martini al estilo Churchill
¡Camila, rocíame de veneno si jamás olvido aquellas tardes de mayo del cuarenta y uno!
La barbarie del Blitz nazi parecía menguar tras meses de incesantes bombardeos sobre las ciudades británicas -- ignorábamos aún que Hitler y sus pusilánimes mariscales habían resuelto encauzar su hibris hacia la URSS-- y nosotros, miembros de la 303 escuadrilla de la RAF, disfrutábamos de algún permiso de fin de semana. Tachaba en mi taquilla los días que faltaban para cruzar otra vez el umbral de Cruixent Cottage en los Fens, donde Camila me esperaba siempre con el respingo que me provocaba un nuevo salto de cama de raso blanco, unas pezoneras rojas o unas medias de seda negra, muy negra. Quizá para persuadirme, si algún resquicio de duda aún reguardaba, que "la mujer es, mientras que el hombre se hace".

Tras la primera emoción, nos rociabamos unos Martinis secos, secos según instrucciones del Primer Ministro: coger un buen vaso de la mejor, mejor ginebra con su aceituna, colocar al trasluz una botella de vermut y cuando un rayo de sol traspase la misma y se refleje sobre la ginebra, listo .
(To be or not to be continued)





Benjamin Rivera Valdés dijo
Hola, cómo estás, espero que bien, yo estoy bien, habrá que ver si Churchill, bebió más de la cuenta, bueno, te dejo, adios...
13 Enero 2009 | 03:09 AM