<Ésta es una bitácora de modesta vocación literaria que pretende evitar el simple copiar y pegar tan común en la pseudo-cultura digital pero dadas las circunstancias navideñas, me he tomado una licencia. Prometo No Hacerlo Más -a menudo>

Si fuera periodista en la gélida Moscú, me gustaría redactar crónicas como la de DMITRI POLIKÁRPOV para El Periódico. Me imagino al lado de la estufa, leyendo los cuentos de Chéjov y colando relatos imaginarios para los lectores españoles. Una delicia. No creo que fuera el primer corresponsal en caer ante la tentación.

Exdirectivo busca [en el supermercado] mujer con dinero

Una amiga mía se ha hecho un lío. Me llamó a primera hora de la madrugada pidiéndome un préstamo de nada menos que 50.000 rublos (1.250 euros). Casi estaba llorando, pero se negaba a pie juntillas revelar para qué necesitaba ese dinero tan urgentemente.
Primero pensé que cayó en una trampa telefónica muy popular en Moscú. Te despierta por la noche una llamada telefónica y una voz ronca te informa de que uno de tus familiares o amigos está en manos de la policía de tráfico. Que ha sido responsable de un accidente muy grave y que para arreglar el tema con los agentes hay que traer urgentemente una suma en metálico a un lugar indicado. Muchos ya han caído en esa clásica ratonera.
Pero al parecer no era el caso de mi amiga. Al final me contó que necesitaba el dinero para "salvar a un amigo" a quien conoció hace un mes en un supermercado moscovita y con quien mantenía una relación sentimental. Resultaba que al "hombre de su vida" le cogió la policía cuando conducía ebrio. Él llamó a mi amiga y le pidió que trajera el "rescate" para que no le retirasen el carnet de conducir.
Cuando la pregunté qué sabía realmente de su nuevo amante resultó que el único dato fidedigno era el número de su móvil. "Pues, si le prestas el dinero, será la última vez que le ves", le dije. Mi amiga al final encontró el rescate y se lo dio al "hombre del supermercado" en una estación de metro. Nunca volvió a verle. Desconectó su móvil, el coche que conducía era de alquiler y no había ni rastro de él en el edificio donde, según dijo, vivía.
Según la policía de Moscú, se trata de un caso muy típico. A causa de la crisis económica, en la capital rusa florece el oficio de gigoló. Los hombres que han perdido el trabajo pero tienen que pagar créditos buscan mujeres sin familia, pero con dinero y casa propia. Para ganarse la vida, cada mañana salen a la caza de las mujeres bien colocadas. Las buscan en los comercios, en cafés y restaurantes, en clubs privados y en discotecas. Internet es también una buena fuente de información.
Lo más importante es ser galante y romántico, así como demostrar que no tienes problemas económicos. Luego todo depende de si para el gigoló es un proyecto a largo o a corto plazo. Si se trata de una relación relámpago, normalmente el hombre simula un par de veces en un comercio o en un restaurante que ha perdido la cartera. La mayoría de veces, la mujer presta el dinero a su nuevo amigo para no estropear la relación. Los corredores de fondo con el tiempo van a vivir a la casa de la víctima, controlan sus finanzas y hasta se hacen con el control de su negocio si es que lo tiene. En el caso de mi amiga se trató de un esprínter.
Curiosamente, mientras las moscovitas están dispuestas a tender la mano a su pareja ocasional en tiempos difíciles, los hombres se comportan de una manera muy distinta. Un reciente estudio pone de manifiesto que un 70% de los rusos ricos han suprimido el tradicional gasto para mantener amantes. En tiempos de crisis, los hombres no están para bromas.